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la suerte

¡Y el 7! ¡Me había tocado, me había tocado! Tenía cinco décimos de lotería en mis manos premiados con casi cien millones de pesetas. No me lo podía creer, no podía respirar, estaba como flotando. Sin embargo, en esos momentos de júbilo me vino a la memoria el rostro de aquella anciana. Dejé de dar saltos de alegría y recordé el momento en que le ayudé a levantarse del suelo cuando aquel degenerado le arrolló con la bicicleta dejándola tirada en la cera. No se había hecho nada, incluso se agachó a recoger los décimos que ahora tengo en mis manos y que se me habían caído del bolsillo al levantarla. Me miró con esos ojos que parecían estar mirando en mi interior y me dijo que si creía seriamente que si me tocara la lotería sería la solución a todos mis problemas. ¿A qué venía esa pregunta? Por supuesto que lo creo, le contesté sin dudarlo arrebatándole de sus manos los décimos, y lo deseo más que cualquier otra cosa en el mundo. Su rostro se nubló, me dio un beso en la mejilla y desapareció entre la gente que estaba allí agolpada mirando. Fue un recuerdo fugaz que duró unos instantes, pero que evoqué una y otra vez durante la noche de la celebración. En aquel momento creí que aquella mujer me había dado la suerte para que me tocara la lotería por haberla ayudado.

Los meses posteriores a aquel sorteo fueron una locura… Fiestas continuas, banqueros peleándose por mi dinero, conocidos que ni me habían dirigido la palabra ahora me ofrecían negocios redondos, mujeres que se morían por mis huesos. Fueron días de excesos y de cambios. Dejé el trabajo y de malas maneras, mandando a tomar por el culo a todo el mundo; me compré un SLK, que jubiló al Clio que ya se caía a piezas; ya no me interesaba estar con aquel grupo de muertos de hambre con los que me relacionaba antes, ahora era un tío con pasta, me codeaba con gente importante; y dejé a mi mujer, bueno, me dejó ella cansada de repetirme que no entendía porqué había cambiado y de que le llegaran a sus oídos mi larga lista de infidelidades. Había pasado media vida con ella, seis años de novios y doce de casado, pero no me importó una mierda cuando caí en la cuenta de que hacía varias semanas que ella no aparecía por casa. De hecho, ni intenté recuperarla, mi ego me cegó y me hizo creer que ella sería la que se arrepentiría.

Pero pronto se girarían las tornas. Mis asesores me avisaron una y otra vez de que mi fortuna se estaba agotando. Los excesos habían hecho mella en ella y los negocios en los que me había enfrascado no estaban funcionando como me habían asegurado. Sin darme cuenta entré en un recorrido imparable hacia la ruina. Una cosa llevó a la otra y ahora me encuentro peor que cuando me había tocado la lotería: sin dinero, sin trabajo, sin amigos, sin hogar y sin mi mujer.

No sé si aquella anciana tuvo algo que ver con que me tocara la lotería, si leyó mi futuro o simplemente era un chiflada, pero no dejo de pensar en aquella pregunta una y otra vez… “¿Crees seriamente que si te tocara la lotería será la solución a todos tus problemas?”

2 comentarios sobre “la suerte”

  1. JaviWoll dijo:

    Está claro que a un tonto le das todo el dinero del mundo y sigue siendo tonto. Si me tocara la lotería, con 100 millones estoy seguro de que liquidaría el problema de oír el despertador cada mañana, cosa que me haría muy feliz. Yo no necesito un SLK (que no sé qué coche es), ni necesito cambiar de mujer (que no tengo ni pienso tener) ni de amigos. Siempre he dicho que con ese dinero compraría tiempo libre.

  2. Canjuarlos dijo:

    Estoy totalmente de acuerdo contigo… Y me ha gustado mucho tu última frase: "… con ese dinero compraría tiempo libre". Suena un poco raro lo de poder comprar tiempo libre, pero es un buen sitio donde invertir los hipotéticos millones que nos pudieran tocar con la lotería.

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