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Archivo de la categoría "libros"

breve historia de España

Saturday, 8 de May de 2010

Estando aún en el instituto (supongo que con 16 o 17 años), en la asignatura de historia me hicieron leer como complemento un libro llamado “Breve Historia de España” de Fernando García de Cortázar y José Manuel González Vesga:

En su día no me hizo mucha gracia y he de decir que no me hicieron leer todo sino la parte más reciente, pero bueno, acaté y leí lo que tocaba. No sé por qué, un fin de semana que subí a Graus a casa de mis padres quise recuperarlo. Al abrir la primera página, me llevé una grata sorpresa… Me encontré una anotación que no recordaba y que, por lo visto, dejé en él para la posteridad donde, como veréis, hice una crítica del libro y aporté mi granito de arena en la abreviación de la historia de España:

Para el que no entienda mi letra lo voy a transcribir…

* NOTA DEL LECTOR: Antes que nada, te diré que esta edición de la Historia de España tiene de todo menos breve. Si quieres un resumen de nuestra historia te lo diré con dos palabras: ¡¡¡UNA MIERDA!!!

Creo que no hace falta comentar nada más… XD

un libro para la intimidad

Thursday, 17 de April de 2008

Por temas de trabajo, uno se ve obligado a ir de aquí para allá… y claro, te encuentras de todo. Sin ir más lejos, el otro día fui al escusado donde me tocó ir a currar y me encontré con un armarito pequeño sobre el inodoro. Me picó la curiosidad (la que mató al gato) y lo abrí… ¡Jarl! Y va y me encuentro con el libro “Antología de la ¿mejor? literatura de ¿humor? de todos los tiempos”. Al principio me chocó un poco, pero… pensándolo bien, es una buena idea tenerlo ahí por si el tema fuera para largo. Y qué mejor que un poco de humor para esos momentos tan íntimos, ¿no?

intimidad con humor

estupor y temblores

Thursday, 30 de September de 2004

El señor Haneda era el superior del señor Omochi, que era el superior del señor Saito, que era el superior de la señora Mori, que era mi superiora. Y yo no era la superiora de nadie.

Podríamos decirlo de otro modo. Yo estaba a las órdenes de la señorita Mori, que estaba a las órdenes del señor Saito, y así sucesivamente, con tal precisión que, siguiendo el escalafón, las órdenes podían ir saltando los niveles jerárquicos.

Así pues, en la compañía Yumimoto yo estaba a las órdenes de todo el mundo.

El 8 de enero de 1990, el ascensor me escupió en el último piso del edificio Yumimoto. El ventanal, al fondo del vestíbulo, me aspiró como lo habría hecho la ventanilla rota de un avión. Lejos, muy lejos, se veía una ciudad tan lejos que dudaba haberla pisado jamás.

Amélie Nothomb
Primeros párrafos de Estupor y temblores

el rey

Thursday, 15 de July de 2004

-¡Ah, -exclamó el rey al divisar al principito-, aquí tenemos un súbdito!
El principito se preguntó:
“¿Cómo es posible que me reconozca si nunca me ha visto?”
Ignoraba que para los reyes el mundo está muy simplificado. Todos los hombres son súbditos.

(…)

Era un monarca absoluto, pero como era muy bueno, daba siempre órdenes razonables.

(…)

-Me gustaría ver una puesta de sol… Déme ese gusto… Ordénele al sol que se ponga…
-Si yo le diera a un general la orden de volar de flor en flor como una mariposa, o de escribir una tragedia, o de transformarse en ave marina y el general no ejecutase la orden recibida ¿de quién sería la culpa, mía o de él?
-La culpa sería de usted -le dijo el principito con firmeza.
-Exactamente. Sólo hay que pedir a cada uno, lo que cada uno puede dar -continuó el rey-. La autoridad se apoya antes que nada en la razón. Si ordenas a tu pueblo que se tire al mar, el pueblo hará la revolución. Yo tengo derecho a exigir obediencia, porque mis órdenes son razonables.
-¿Entonces mi puesta de sol? -recordó el principito, que jamás olvidaba su pregunta una vez que la había formulado.
-Tendrás tu puesta de sol. La exigiré. Pero, según me dicta mi ciencia gobernante, esperaré que las condiciones sean favorables.
-¿Y cuándo será eso?
-¡Ejem, ejem! -le respondió el rey, consultando previamente un enorme calendario-, ¡ejem, ejem! será hacia… hacia… será hacia las siete cuarenta. Ya verás cómo se me obedece.

Antoine de Saint-Exupéry
El principito

murió por estar muerto

Saturday, 19 de June de 2004

- Me niego a aceptar que una simple fórmula pueda llegar a ser más creíble que la propia evidencia -sentenció el ecuatoriano.

- Olvida en qué mundo nos ha tocado vivir -le hizo notar Bruno Guinea-. Recuerdo que hace un par de años ingresó en el hospital un pobre hombre que debido a algún error burocrático había quedado registrado como fallecido en un accidente de tráfico. Para la Seguridad Social legalmente no existía, y por lo tanto resultó imposible darle nuevamente de alta con la suficiente rapidez como para que se autorizara la costosa operación a la que tenía que someterse. En definitiva, “murió por estar muerto”, sin que sirviera de nada la evidencia de que había estado paseando durante semanas por los pasillos del tercer piso.

Alberto Vazquez Figueroa
El señor de las tinieblas

Leyes de la Robótica

Thursday, 17 de June de 2004

Leyes imaginarias, propuestas por Isaac Asimov, que controlarían el comportamiento de los robots. Son las siguientes:

  1. Un robot no puede dañar a un ser humano ni, por inacción, permitir que éste sea dañado.
  2. Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos excepto cuando estas órdenes entren en conflicto con la Primera Ley.
  3. Un robot debe proteger su propia existencia hasta donde esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Leyes.


Posteriormente, en sus últimas novelas Asimov introdujo una Ley Cero de la robótica, con prioridad sobre las tres anteriores, que rezaría:

Un robot no puede realizar ninguna acción, ni por inacción permitir que nadie la realice, que resulte perjudicial para la humanidad, aun cuando ello entre en conflicto con las otras tres Leyes.

sentimientos

Monday, 17 de May de 2004

Argos, aunque no era un dios, había sido otra criatura y ahora estaba dentro de un cuerpo humano por lo que podría describir con cierta exactitud la experiencia. Relató lo pésimo e incómodo que se sentía, las limitaciones a las que debía enfrentarse y, sobre todo, los sentimientos humanos que trataban de condicionarlo y debilitarlo, aunque decía que lograba no prestarles atención.

–Hay algo dentro de los humanos. Son como voces internas que te dicen cosas y te tratan de influir. Estos seres las llaman sentimientos. Es muy difícil describirlos, son como estados de ánimo inmanejables, como sensaciones. La diferencia es que las sensaciones se perciben a través de los sentidos, al menos las conocidas, en cambio estos que se llaman sentimientos se filtran por otro canal, por un medio que nunca antes había utilizado. Algunas que se usan mucho son la compasión, la alegría, la tristeza. Algunas son buenas y otras malas. En verdad todavía no lo llego a entender, ni las diferencio, el hecho es que trato de evadirlas ya que no son ni propias ni dignas de mi esencia y no deseo conocerlas –mientras Argos hablaba Zeus oía atentamente. Argos prosiguió satisfecho de ser tan bien escuchado–: también existe algo interno, como una vida dentro de cada cuerpo, que llaman alma, pero no pude lograr entenderlo –seguía contando Argos, con mayor detalle al notar el interés de Zeus al oírlo.

Kosh
Fragmento del relato La Leyenda de Argos

yo me he llevado tu queso

Thursday, 29 de April de 2004

Por eso he escrito este libro: para decir que no hay nada malo en pensar así. Adelante, cantad conmigo: “Somos vagos, somos inútiles, no pensamos movernos… ¿qué pasa?” Aunque no se reconozca, formamos el estrato más importante de la sociedad, la base sobre la cual se asienta cualquier pueblo civilizado. Somos esa mayoría que no acaba de creer en hacer sacrificios para conseguir una barriga más lisa o un espíritu más satisfecho. Siempre hemos estado ahí y lo seguiremos estando cuando esos fanáticos de una vida mejor hayan pasado a mejor vida. (…) Si no fuera por nosotros, el mundo sería mucho pero. Somos, por ejemplo, los principales responsables de cualquier tema de conversación interesante. El aforismo ingenioso, el pequeño cotilleo y el comentario mordaz fueron todos inventados por gente como nosotros: personas interesadas en obtener el máximo efecto con el mínimo esfuerzo. De no ser por nosotros, todos estaríamos haciendo ejercicio, buscando la luz, afrontando el camino y otras memeces por el estilo. Si no fuera por nosotros, el mundo se desintegraría de puro aburrimiento.

Darrel Bristow-Bovey
Yo me he llevado tu queso

Así empieza Yo me he llevado tu queso, un libro de Darrel Brsitow-Bovey, que critica toda esta serie de libros de autoayuda que salen como setas para solucionarnos todos nuestros problemas. Fue el regalo de Sant Jordi de mi hermano y, nada más empezarlo supe tenía que llegar hasta el final, aunque para ello tuviera que dejar de lado al mismísimo Cortazar (es muy cortito y me pude permitir esa pausa). Me he reído mucho con el libro, tiene altibajos, pero, en general, es ameno. No es un libro que recomendaría comprar, quizás si como regalo cachondo o como toque de atención a los que siguen a pies puntillas los libros de autoayuda, pero no dejes de leerlo si cae en tus manos.

Aunque no sea su finalidad, de él he sacado una enseñanza muy importante: “No pierdas tiempo pensando si el vaso está medio lleno o medio vacío. Si el vaso va más o menos por la mitad, pide otra ronda”.

La dedicatoria de Juanjo Sáez

Saturday, 24 de April de 2004

Tiene sus ventajas esto de trabajar encima de L’Illa de Diagonal… Antes de ayer, sin ir más lejos, me enteré de que ayer la FNAC traía a Juanjo Sáez para que firmara su último libro. Así que me traje el ejemplar que me compré en su día de Viviendo del cuento, que tanto me había gustado y que comenté aquí; salí unos diez minutos antes de trabajar y me pasé para que me lo firmara. Supongo que como hace todo el mundo, le dije que me había leído su libro de una sentada y que me había gustado mucho (aunque en mi caso era cierto). También le expliqué que tenía intención de comprar otro para que se lo dedicara a un amigo, pero que había ido al mediodía a la FNAC y estaba agotado (un fallo, por no decir una putada, por parte de la FNAC, todo sea dicho), así que se me ocurrió que también me dedicara la banda promocional que lleva el libro y que ya se la cambiaría yo cuando llegue la segunda edición y pueda comprarlo. A Juanjo le pareció una buena idea, aunque le supo mal que no le pudiera firmar el libro a mi amigo (incluso me sugirió que le avisara cuando lo comprara y que, si podía, me lo firmaba… ¡qué majo!). Pero bueno, como dicen por aquí, que hi farem.

También le comenté (pobrecillo, lo que me tuvo que aguantar) que me había gustado su idea de escribir el libro de forma manuscrita, que me había reido como nunca leyéndolo y que me gustaban mucho sus dibujos porque me recordaban, salvando las distancias, al estilo que he usado para ambientar esta web. Juanjo me dijo que había visitado un weblog hacía poco con un estilo parecido -me dio un vuelco el corazón-, pero cuando le dije mi dirección me confesó que no le sonaba :_( . De todas maneras, me obsequió con una revista que se había autoporducido él llamada NADA (nº 1 de nada) y que, siguiendo en mi linea, devoré en el trayecto de vuelta a casa.

En fin, Juanjo… Muchas gracias por tu dedicatoria y por aguantarme… Ha sido un placer conocerte y aquí tienes un fan incondicional (^_^).

un conejito

Thursday, 15 de April de 2004

Me mudé el jueves pasado, a las cinco de la tarde, entre niebla y hastío. He cerrado tantas maletas en mi vida, me he pasado tantas horas haciendo equipajes que no llevaban a ninguna parte, que el jueves fue un día lleno de sombras y correas, porque cuando yo veo las correas de las valijas es como si viera sombras, elementos de un látigo que me azota indirectamente, de la manera más sutil y más horrible. Pero hice las maletas, avisé a la mucama que vendría a instalarme, y subí en el ascensor. Justo entre el primero y segundo piso sentí que iba a vomitar un conejito. Nunca se lo había explicado antes, no crea que por deslealtad, pero naturalmente uno no va a ponerse a explicarle a la gente que de cuando en cuando vomita un conejito. Como siempre me ha sucedido estando a solas, guardaba el hecho igual que se guardan tantas constancias de lo que acaece (o hace uno acaecer) en la privacía total. No me lo reproche, Andrée, no me lo reproche. De cuando en cuando me ocurre vomitar un conejito. No es razón para no vivir en cualquier casa, no es razón para que uno tenga que avergonzarse y estar aislado y andar callándose.

Julio Cortázar
Carta a una señorita en París (Bestiario, 1951)
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